EL SUEÑO DEL BALCON DEL DIABLO.
*F(K)ábula de la
realidad, tomada del diario de
Hidrocálidos en Ruta.
Del día Viernes 1 de
Abril de 2016.
…Desde hace varios días mi
celular había comenzado a fallar, así que yo ya había decidido despojarme un
poco de la tecnología, por lo que ese día salí sin nada en mis bolsillos, esta
vez no llevaba las hojas de coca en mi bolsillo, ni mi cámara, ni nada, solo mi espíritu y mi capacidad de disfrute.
Ya entrada la tarde decidimos
salir a caminar por la naturaleza, éramos dos mexicanos acompañados de su
carnal argentino, no teníamos un rumbo fijo pero nos habían mencionado un lugar
llamado el Balcón del Diablo. Como mencione anteriormente yo no llevaba nada en
los bolsillos, en mis manos cargaba una bolsa de plástico con una pequeña
botella de agua y unos bananos; Walter,
el carnal argentino, aparte de llevar su linterna, también nos estuvo
proporcionando pequeños granos de maíz tostado que aparte de ser deliciosos
también nos ayudaban a conectarnos aún más con las profundas raíces del lugar.
…Así que salimos por el camino
que habíamos recorrido un día antes para ir a la Zona X, pero antes había que
tomar un camino de terracería según lo que nos habían dicho, cuando subimos al
punto donde se alcanza a ver la zona arqueológica de Sacsayhuaman yo divise un
camino que llevaba a unas humildes casas, pero no sabía con exactitud si era el
que debíamos tomar, pero en eso pasaron un par de señoras indígenas, así que
pude preguntarle a una de ellas, ella me indicó sin mucha explicación que
siguiera a esa persona que iba subiendo, al levantar la mirada yo solo vi una
silueta que rápidamente desapareció, pero con eso nos dimos una idea de por
donde había que continuar nuestra caminata. El camino que tomamos era una
subida totalmente inclinada, donde extrañe las hojas de coca, pues rápidamente se
te comenzaba acabar el aire así como a enfriar la garganta, incluso yo sentí un
poco de mareo, pero lo bueno que los tres íbamos igual, así que nos paramos un
par de veces antes de poder alcanzar la cúspide, para cuando llegamos allá
arriba lo único que alcanzamos a ver fue una naturaleza desbordada que no
acababa nunca, donde los valles corrían a lo largo y ancho del lugar. Al ver la
situación decidimos simplemente seguir a ver hasta donde podíamos llegar, pero
siempre teniendo en cuenta que ya no faltaba mucho tiempo para que comenzara a
llegar la noche; bajamos la colina y comenzamos a caminar por un terreno más
plano pero que apuntaba hacia otra dirección muy distinta a la que teníamos en
mente, así que por iniciativa del “che carnal” comenzamos a escalar por otra
dirección, no había un camino definido y por el contrario teníamos que ir
ayudándonos de las pequeñas rocas que allí se encontraban para poder dar
cuidadosos pasos, cuando yo comencé a pensar que esa no era la dirección
correcta a lo lejos se aparecieron un par de jóvenes, vi que comenzaron a
apuntar hacia arriba, y mi amigo siguió el paso, para cuando yo llegue a la
altura en que estaban ellos, no llevaba ningún aliento más que para saludar y
seguir caminando. La subida fue bastante pesada, yo estaba a punto de tirar la
toalla cuando vi que allá debajo de la colina había una enorme laguna, y a
partir de ese momento sentí como si estuviera dentro de un cuento fantástico,
dentro de una historia de Disney.
Cuando bajamos a la laguna la
cual reflejaba un color verde en el interior de sus limpias aguas, yo me quede
impactado al ver el paisaje que quedaba detrás, la cordillera simplemente era infinita, las nubes y el reflejo del sol simplemente me
dejaron con la boca abierta, y cuando estaba a punto de cerrarla de pronto se
apareció una señora indígena con su colorido reboso atado a su espalda y
después de unos segundos, atrás de ella, un par de vacas que ella misma venía
acarreando, yo seguía con la boca abierta, un tanto por la sorpresa y otro por
la falta de aire. Pero la cosa no termina en eso, nosotros solo nos frenamos
unos momentos mientras alguno de mis compañeros de excursión tomó algunas fotos,
y luego continuamos, las lindas flores amarillas sobre del campo me volvieron a
estimular la vista como una probadita de lo que iba a ver después. Una porción
del terreno de pronto hizo que mis pupilas se dilataran, mis pensamientos se
detuvieran y mi espíritu sonriera, eran una gran cantidad de verdes tallos
largos que el viento movía finamente y que parecieran hacer un efecto borroso a
la vista, era trigo siendo acariciado por el aire. Nosotros no sabíamos muy
bien si ese era el camino correcto para ir a donde habíamos dicho que queríamos
llegar, pero si estábamos seguros que ese era el camino con el que alguna vez
habíamos soñado; …cuando comenzaban otra vez las dudas si debíamos seguir o no,
pensando que ya la noche estaba cerca, de pronto nos encontramos con un camino
de terracería, y en eso se apareció un señor que llevaba a un par de caballos
cargados de hierba en sus espaldas, él nos dijo que debíamos seguir por ese
camino, allí hicimos una pausa para
descansar un poco, mientras veíamos como la silueta de señor con su par de
caballos se iba desvaneciendo en el atardecer de las montañas verdes… cuando
comenzamos a caminar notamos que arriba había algo, parecía una casa abandonada
o una ruina inca, fuimos a ver que había pero no encontramos mucho solamente
una estructura de piedras donde pensamos que sería un buen lugar para acampar,
al ver que no había más que recorrer por esa zona, tuvimos que volver a bajar y
retomar el camino, comenzamos a bajar hasta que de pronto nos encontramos con
un sistema de desagüe no muy antiguo por donde corría un agua completamente
transparente, comenzamos a seguirlo, en ese trayecto nos encontramos con unos
árboles con pinta de tenebrosos a los cuales se les iban cayendo poco a poco
las capas de sus troncos; después de unos pasos más vimos que la naturaleza
seguía y pensamos que nunca íbamos a llegar a nuestro destino pero en esos
momentos se nos apareció otro fantasma, era un joven que caminaba solo, y que
cuando le preguntamos que dónde quedaba el Balcón del Diablo, solo respondió
con un simple: -allá abajo-, pero fue lo único que dijo, le volvimos a
preguntar que si faltaba mucho y no dijo nada más, siguió con su destino. Por
acuerdo común decidimos continuar solo un poco para ver que veíamos, pero si no
encontrábamos nada rápidamente íbamos a regresar pues ya estábamos a menos de
una hora de que obscureciera. Nos detuvimos en lo alto y notamos que al lado de nosotros había una
enorme piedra con unos tonos rojizos, grisáceos, marrones, como si alguien le
hubiera pasado unos pincelazos celestiales, y
en la parte baja un enorme río lleno de piedras; de inmediato quisimos
bajar a verlo más de cerca. Cuando estábamos analizando por donde habría que
bajar, vimos que sobre esas enormes extensiones de pasto corrían ríos de agua
sin cause alguno, su afluente era sobre el mismo pasto hasta desembocar en el
río, pero desde arriba se alcanzaba a notar el correr del agua en el encharcado
terreno verde, y obviamente para pasar
por allí no había otra opción que mojarnos los zapatos lo cual implicaba
mojarnos los pies (más aun considerando que mis zapatos estaban bastante rotos),
pero la adrenalina de postrarnos frente a esa enorme pared de piedra era mucho
más fuerte que la posibilidad de enfermarnos, así que seguimos bajando por el
difícil y resbaloso terreno, casi en el punto más bajo yo me maraville al ver
que había una puerta, era una construcción, una ruina ubicada frente al Balcón
del diablo y al lado del río, -¿Cómo se les había ocurrido a los Incas poner
algo así en ese lugar? Vaya que eran inteligentes.- fue lo que paso por mi
mente… Bajamos hasta el río y allí nos dimos cuenta que no era una pared de
piedra, sino que eran un par de enormes rocas recargadas una sobre la otra
formando una enorme y misteriosa cueva, nosotros estuvimos tentados a meternos
al río para explorar la cueva pero ya no teníamos tiempo, así que solo nos
aventuramos a cruzar al otro lado del río brincando por las piedras para volver
a subir.
…El Balcón del Diablo es un
conjunto de piedras que en lo alto crean una pequeña cueva con forma de balcón,
el cual posee una vista privilegiada, un lugar donde se siente la fuerza de la
naturaleza a través de la energía contenida en las piedras, desgraciadamente no
pudimos estar mucho tiempo allí, pero el haber estado en ese lugar fue algo muy
hermoso….
…Pero la fantasía no terminaba
aún, el regreso siguió lleno de magia, esta vez caminamos sobre el camino de
terracería, lo primero con lo que nos encontramos fue con una experiencia cien
por ciento andina: afuera de una casa había unos animales y música peruana
sonando en la radio de la casa. Continuamos bajando y en algún punto vimos
como afuera de otra casa reposaban los
ladrillos de barro secándose para poder ser usados, tomamos una curva y en eso
llegamos a un poblado, los locales nos dijeron que se llamaba la Fortaleza, y
vimos como poco a poco iban subiendo las cholitas con sus llamas quienes
regresaban de trabajar en la ciudad de Cusco… en eso del lado izquierdo en el camino
de pronto se nos apareció un local hecho con láminas y dentro había una banquita hecha con unos pedazos de
madera, era una fondita donde vendían pollo con arroz y tallarines por cuatro
soles, al final decidimos frenarnos a comer allí, fue una experiencia única comer con la gente
del poblado, quienes en su mayoría hablaban Quechua, y donde uno se sentaba y
tenía que sostener el plato en sus propias piernas, los locales bromeaban entre
ellos y luego nos hicieron platica, cabe mencionar que en lo personal la comida
me supo deliciosa, pues sabía natural. …Para cuando terminamos de comer ya nos
había caído la noche, afortunadamente teníamos la linterna del Walter la cual
nos sirvió para bajar por el camino y para avisarle a los coches que allí
veníamos, en algún punto vimos una cerca
por donde se puede entrar a las ruinas de Sacsayhuaman, la cerca tenía
alambre de púas, pero era fácil apoyarse en otro lado para brincarse, el che
boludo no tardó mucho en estar adentro y en motivarnos a entrar. Así que ya
entrada la noche, solamente con el reflejo de luz que provenía del pueblo y con
la linterna, comenzamos a escalar las piedras de Sacsayhuaman, para luego irnos
a la gran explanada y de allí llegar a otra zona de las ruinas. Allí las
piedras eran enormes y estaban talladas, algunas incluso haciendo esquinas
circulares, en algún punto nuestra admiración se convirtió en emoción así que
seguimos explorando la zona de noche, pasamos por pasadizos, cruzamos puertas y
en algunos puntos nos dejamos llevar por la emoción de abrazar las enormes
piedras y sentir el calor que emanaba de ellas. Cuando salimos de la zona nos
despedimos amistosamente del vigilante, caminamos por el camino que bordea un
pequeño río, llegamos a una pequeña cascada por donde corren sueños e ilusión
en forma de agua clara, luego seguimos
el camino que nos bajaba hasta el templo de San Cristóbal (patrono de los
viajeros) desde donde se alcanza a ver
el pueblo de Cusco. …ya no nos entretuvimos mucho, simplemente bajamos a mi
hostal y allí me tome un mate para irme a descansar, y para volver a la
realidad, no por mucho tiempo pues luego me quede dormido y volví a soñar…..
Escrito por David
Herrera El González.
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