viernes, 22 de abril de 2016

58. EL SUEÑO DEL BALCON DEL DIABLO.



                                           EL SUEÑO  DEL BALCON DEL DIABLO.


*F(K)ábula de la realidad,  tomada del diario de Hidrocálidos en Ruta.
Del día Viernes 1 de Abril de 2016.

…Desde hace varios días mi celular había comenzado a fallar, así que yo ya había decidido despojarme un poco de la tecnología, por lo que ese día salí sin nada en mis bolsillos, esta vez no llevaba las hojas de coca en mi bolsillo, ni mi cámara,  ni nada, solo mi espíritu y mi capacidad de disfrute.
Ya entrada la tarde decidimos salir a caminar por la naturaleza, éramos dos mexicanos acompañados de su carnal argentino, no teníamos un rumbo fijo pero nos habían mencionado un lugar llamado el Balcón del Diablo. Como mencione anteriormente yo no llevaba nada en los bolsillos, en mis manos cargaba una bolsa de plástico con una pequeña botella de agua y unos bananos;  Walter, el carnal argentino, aparte de llevar su linterna, también nos estuvo proporcionando pequeños granos de maíz tostado que aparte de ser deliciosos también nos ayudaban a conectarnos aún más con las profundas raíces del lugar.
…Así que salimos por el camino que habíamos recorrido un día antes para ir a la Zona X, pero antes había que tomar un camino de terracería según lo que nos habían dicho, cuando subimos al punto donde se alcanza a ver la zona arqueológica de Sacsayhuaman yo divise un camino que llevaba a unas humildes casas, pero no sabía con exactitud si era el que debíamos tomar, pero en eso pasaron un par de señoras indígenas, así que pude preguntarle a una de ellas, ella me indicó sin mucha explicación que siguiera a esa persona que iba subiendo, al levantar la mirada yo solo vi una silueta que rápidamente desapareció, pero con eso nos dimos una idea de por donde había que continuar nuestra caminata. El camino que tomamos era una subida totalmente inclinada, donde extrañe las hojas de coca, pues rápidamente se te comenzaba acabar el aire así como a enfriar la garganta, incluso yo sentí un poco de mareo, pero lo bueno que los tres íbamos igual, así que nos paramos un par de veces antes de poder alcanzar la cúspide, para cuando llegamos allá arriba lo único que alcanzamos a ver fue una naturaleza desbordada que no acababa nunca, donde los valles corrían a lo largo y ancho del lugar. Al ver la situación decidimos simplemente seguir a ver hasta donde podíamos llegar, pero siempre teniendo en cuenta que ya no faltaba mucho tiempo para que comenzara a llegar la noche; bajamos la colina y comenzamos a caminar por un terreno más plano pero que apuntaba hacia otra dirección muy distinta a la que teníamos en mente, así que por iniciativa del “che carnal” comenzamos a escalar por otra dirección, no había un camino definido y por el contrario teníamos que ir ayudándonos de las pequeñas rocas que allí se encontraban para poder dar cuidadosos pasos, cuando yo comencé a pensar que esa no era la dirección correcta a lo lejos se aparecieron un par de jóvenes, vi que comenzaron a apuntar hacia arriba, y mi amigo siguió el paso, para cuando yo llegue a la altura en que estaban ellos, no llevaba ningún aliento más que para saludar y seguir caminando. La subida fue bastante pesada, yo estaba a punto de tirar la toalla cuando vi que allá debajo de la colina había una enorme laguna, y a partir de ese momento sentí como si estuviera dentro de un cuento fantástico, dentro de una historia de Disney.
Cuando bajamos a la laguna la cual reflejaba un color verde en el interior de sus limpias aguas, yo me quede impactado al ver el paisaje que quedaba detrás,  la cordillera simplemente era infinita,  las nubes y el reflejo del sol simplemente me dejaron con la boca abierta, y cuando estaba a punto de cerrarla de pronto se apareció una señora indígena con su colorido reboso atado a su espalda y después de unos segundos, atrás de ella, un par de vacas que ella misma venía acarreando, yo seguía con la boca abierta, un tanto por la sorpresa y otro por la falta de aire. Pero la cosa no termina en eso, nosotros solo nos frenamos unos momentos mientras alguno de mis compañeros de excursión tomó algunas fotos, y luego continuamos, las lindas flores amarillas sobre del campo me volvieron a estimular la vista como una probadita de lo que iba a ver después. Una porción del terreno de pronto hizo que mis pupilas se dilataran, mis pensamientos se detuvieran y mi espíritu sonriera, eran una gran cantidad de verdes tallos largos que el viento movía finamente y que parecieran hacer un efecto borroso a la vista, era trigo siendo acariciado por el aire. Nosotros no sabíamos muy bien si ese era el camino correcto para ir a donde habíamos dicho que queríamos llegar, pero si estábamos seguros que ese era el camino con el que alguna vez habíamos soñado; …cuando comenzaban otra vez las dudas si debíamos seguir o no, pensando que ya la noche estaba cerca, de pronto nos encontramos con un camino de terracería, y en eso se apareció un señor que llevaba a un par de caballos cargados de hierba en sus espaldas, él nos dijo que debíamos seguir por ese camino,  allí hicimos una pausa para descansar un poco, mientras veíamos como la silueta de señor con su par de caballos se iba desvaneciendo en el atardecer de las montañas verdes… cuando comenzamos a caminar notamos que arriba había algo, parecía una casa abandonada o una ruina inca, fuimos a ver que había pero no encontramos mucho solamente una estructura de piedras donde pensamos que sería un buen lugar para acampar, al ver que no había más que recorrer por esa zona, tuvimos que volver a bajar y retomar el camino, comenzamos a bajar hasta que de pronto nos encontramos con un sistema de desagüe no muy antiguo por donde corría un agua completamente transparente, comenzamos a seguirlo, en ese trayecto nos encontramos con unos árboles con pinta de tenebrosos a los cuales se les iban cayendo poco a poco las capas de sus troncos; después de unos pasos más vimos que la naturaleza seguía y pensamos que nunca íbamos a llegar a nuestro destino pero en esos momentos se nos apareció otro fantasma, era un joven que caminaba solo, y que cuando le preguntamos que dónde quedaba el Balcón del Diablo, solo respondió con un simple: -allá abajo-, pero fue lo único que dijo, le volvimos a preguntar que si faltaba mucho y no dijo nada más, siguió con su destino. Por acuerdo común decidimos continuar solo un poco para ver que veíamos, pero si no encontrábamos nada rápidamente íbamos a regresar pues ya estábamos a menos de una hora de que obscureciera. Nos detuvimos en lo alto  y  notamos que al lado de nosotros había una enorme piedra con unos tonos rojizos, grisáceos, marrones, como si alguien le hubiera pasado unos pincelazos celestiales, y  en la parte baja un enorme río lleno de piedras; de inmediato quisimos bajar a verlo más de cerca. Cuando estábamos analizando por donde habría que bajar, vimos que sobre esas enormes extensiones de pasto corrían ríos de agua sin cause alguno, su afluente era sobre el mismo pasto hasta desembocar en el río, pero desde arriba se alcanzaba a notar el correr del agua en el encharcado terreno verde,  y obviamente para pasar por allí no había otra opción que mojarnos los zapatos lo cual implicaba mojarnos los pies (más aun considerando que mis zapatos estaban bastante rotos), pero la adrenalina de postrarnos frente a esa enorme pared de piedra era mucho más fuerte que la posibilidad de enfermarnos, así que seguimos bajando por el difícil y resbaloso terreno, casi en el punto más bajo yo me maraville al ver que había una puerta, era una construcción, una ruina ubicada frente al Balcón del diablo y al lado del río, -¿Cómo se les había ocurrido a los Incas poner algo así en ese lugar? Vaya que eran inteligentes.- fue lo que paso por mi mente… Bajamos hasta el río y allí nos dimos cuenta que no era una pared de piedra, sino que eran un par de enormes rocas recargadas una sobre la otra formando una enorme y misteriosa cueva, nosotros estuvimos tentados a meternos al río para explorar la cueva pero ya no teníamos tiempo, así que solo nos aventuramos a cruzar al otro lado del río brincando por las piedras para volver a subir.
…El Balcón del Diablo es un conjunto de piedras que en lo alto crean una pequeña cueva con forma de balcón, el cual posee una vista privilegiada, un lugar donde se siente la fuerza de la naturaleza a través de la energía contenida en las piedras, desgraciadamente no pudimos estar mucho tiempo allí, pero el haber estado en ese lugar fue algo muy hermoso….
…Pero la fantasía no terminaba aún,  el regreso siguió lleno de magia,  esta vez caminamos sobre el camino de terracería, lo primero con lo que nos encontramos fue con una experiencia cien por ciento andina: afuera de una casa había unos animales y música peruana sonando en la radio de la casa. Continuamos bajando y en algún punto vimos como  afuera de otra casa reposaban los ladrillos de barro secándose para poder ser usados, tomamos una curva y en eso llegamos a un poblado, los locales nos dijeron que se llamaba la Fortaleza, y vimos como poco a poco iban subiendo las cholitas con sus llamas quienes regresaban de trabajar en la ciudad de Cusco… en eso del lado izquierdo en el camino de pronto se nos apareció un local hecho con láminas y dentro había  una banquita hecha con unos pedazos de madera, era una fondita donde vendían pollo con arroz y tallarines por cuatro soles, al final decidimos frenarnos a comer allí,  fue una experiencia única comer con la gente del poblado, quienes en su mayoría hablaban Quechua, y donde uno se sentaba y tenía que sostener el plato en sus propias piernas, los locales bromeaban entre ellos y luego nos hicieron platica, cabe mencionar que en lo personal la comida me supo deliciosa, pues sabía natural. …Para cuando terminamos de comer ya nos había caído la noche, afortunadamente teníamos la linterna del Walter la cual nos sirvió para bajar por el camino y para avisarle a los coches que allí veníamos, en algún punto vimos una cerca  por donde se puede entrar a las ruinas de Sacsayhuaman, la cerca tenía alambre de púas, pero era fácil apoyarse en otro lado para brincarse, el che boludo no tardó mucho en estar adentro y en motivarnos a entrar. Así que ya entrada la noche, solamente con el reflejo de luz que provenía del pueblo y con la linterna, comenzamos a escalar las piedras de Sacsayhuaman, para luego irnos a la gran explanada y de allí llegar a otra zona de las ruinas. Allí las piedras eran enormes y estaban talladas, algunas incluso haciendo esquinas circulares, en algún punto nuestra admiración se convirtió en emoción así que seguimos explorando la zona de noche, pasamos por pasadizos, cruzamos puertas y en algunos puntos nos dejamos llevar por la emoción de abrazar las enormes piedras y sentir el calor que emanaba de ellas. Cuando salimos de la zona nos despedimos amistosamente del vigilante, caminamos por el camino que bordea un pequeño río, llegamos a una pequeña cascada por donde corren sueños e ilusión en forma de agua clara,  luego seguimos el camino que nos bajaba hasta el templo de San Cristóbal (patrono de los viajeros)  desde donde se alcanza a ver el pueblo de Cusco. …ya no nos entretuvimos mucho, simplemente bajamos a mi hostal y allí me tome un mate para irme a descansar, y para volver a la realidad, no por mucho tiempo pues luego me quede dormido y volví a soñar…..


Escrito por David Herrera  El González.

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