La historia de un gato y un tortolo.
Michele era la hermosa gatita de Jenny, una chica holandesa que tenía un hostal cerca del Parque 7 de Junio en Miraflores, una de las playas más populares de Lima, en Peru. Jeny solía ir a sentarse en ese parque para distraerse de la monotonía de su trabajo, un domingo cualquiera encontró a Michele en una campaña de adopción que fue realizada en el mismo parque. De inmediato se flecharon mutuamente; el nombre para la gatita se le vino de inmediato a la mente:-“Michele”.
Michele era una gatita bastante sociable, de pequeñita jugaba con todo mundo, se acercaba, se hacía para atrás y trataba de agarrar todo cuanto pudiera, incluso le gustaba jalar los hilos que colgaban de las ropas de los mochileros, muchas veces terminando de romper las, ya bastante gastadas, prendas de vestir.
Por las tardes a Jenny le gustaba ir a ver el atardecer a la terraza del hostal, para sentarse cómodamente a leer, solía subir con un puño de maíz y gusanitos para que se acercaran las aves: gaviotas, tortolos, golondrinas, y de vez en cuando, incluso pelicanos. Michele sola subir con su ama a la terraza, ella estaba acostumbrada a contemplarlas aves, pues aunque era una gatita muy inquieta le gustaba simplemente observar y contemplar el atardecer acompañada de Jeny y de esos extraños animales.
Una tarde un tortolito pequeño permaneció hasta que ya estaba por obscurecer, antes de irse fue a recoger un último trocito de maíz que quedaba en el patio, y para hacerlo tuvo que pasar muy cerca de la gatita, Michele al ver el cinismo del tortolo decidió ir de curiosa a ver que era ese pequeño y tierno animalito, ella lo olfateo pero ninguno de los dos se alteró con la presencia del otro, por el contrario generaron una confianza inmediata. Con el paso de los días ese mismo tortolito bajaba a comer y siempre era el último en irse, se podría decir que andaba libremente por la terraza; la gatita Michele con el paso de los días fue acercándose más y más al tierno pajarito, ella se echaba al suelo y trataba de jugar con él, aunque el pajarito volaba alejandose un poco de ella.
Luego de varias tardes Michele se tundió en el suelo a un costado del pichoncito, con las patas para arriba lo trataba de atrapar, de repente le dio un manotazo, ¡plum¡, lo tumbo y sin que pasara un segundo se dio vuelta para tenerlo de frente, el tortolito agito sus alas y siguió su camino, Michele volvió a tirarse al suelo como buscándolo, pero siempre en tono tranquilo. Era curioso ver como jugaban, no parecían lastimarse, por el contrario se veía que se divertían, en una extraña relación donde incluso màs que amigos, parecìan hermanos.
Las visitas del tortolito a la terraza del hostal comenzaron a ser tan frecuentes que un huésped argentino que estuvo trabajando como voluntario, terminó por bautizarle con el nombre de Pinocho. Llegó un punto en que Pinocho bajaba a la terraza todos los días, era un hermoso espectáculo ver a dos animales que simplemente se habían hecho amigos, y vaya que les gustaba compartir sus tardes. Si algún día se le pasaba a Jenny aventarles maíz, el pichón de cualquier manera bajaba en busca de Michele. Así pasaron algunos meses donde todos los días se podía ver a una gatita jugar con un tortolito, la ternura en su máxima expresión.
Pero los animales son curiosos, y esta gatita vaya que lo era; con el paso del tiempo, Michele se convirtió en una gatita adolescente y rebelde, a tal grado que había días en que no se paraba en la casa, no le importaba mucho llegar a ver a Pinocho pero él, fiel como un loro, seguía bajando día tras día, aunque Michele ya solo subía los días que tenía ganas de hacerlo, pero una vez arriba en la terraza, era un hecho que se iban a poner a jugar.
Un día de buenas a primeras sucedió algo que ni la mente más cruel hubiera imaginado, una verdadera tragedia. Michele había andado con un comportamiento muy extraño desde que fue esterilizada hacía dos semanas, la primer semana no salía para nada primero del cuarto de Jenny y luego del hostal, pero los últimos días había estado saliendo mucho, a tal grado que toda una noche la había pasado en la calle, no había vuelto al hostal. Jeny un poco preocupada comenzó a llamarla por la mañana al ver que no había regresado, pero fue hasta por allí de las once de la mañana en que se apareció Michele, con toda la actitud alegre que le caracterizaba, pero con un ojito todo enrojecido, fue y refregó su cola contra la pierna de Jeny, luego fue y brinco sobre las maletas de unos huéspedes, fue a ver si conseguía algo de comida en la cocina, pues los viajeros solían darle migajas. Parecía que haber salido por la noche le había inyectado una nueva dosis de energía, pero Jeny no quería que anduviera tanto afuera pues corría el riesgo de que la atacaran otros gatos, como ella sospechaba que le había pasado la noche anterior. Después de andar socializando normalmente, Michele fue a una resolana y se tiró a dormir, por la tarde cuando el atardecer comenzaba a pintar el cielo de colores, Jeny llevó el frasco con los gusanos y se sentó cómodamente, junto con los colores del atardecer se alcanzó a divisar una diminuta luna en forma de uña, no pasaron ni cinco minutos en que subieron un par de chicas chilenas que allí se hospedaban, detrás de ellas la hermosa Michele. Arriba en la terraza ya estaba Pinocho, pero esta vez Michele no se acercó a él, pues ella había encontrado un rinconcito para echarse y seguir descansando. Jeny les platico a las chicas sobre el comportamiento de ambos animalitos y luego decidió bajar por su libro, las chicas chilenas esperaban con ansia el momento en que se pusieran a jugar, pero Michele seguía dormida, pero no por mucho tiempo, pues el tortolito lentamente comenzó a acercarse. Michele en algún punto sintió la presencia del pajarito muy cerca de ella, pero ni se inmuto, solo lo miro mientras ella seguía acostada. El tortolito un poco desesperado, comenzó a dar vueltas alrededor de ella sin obtener respuesta, por el contrario parecía más bien que comenzaba a molestarle el sueño a la gata, el pajarito comenzó a llamarla con el pico, pero en un movimiento instantáneo,Michele se recostó patas para arriba frente a Pinocho, le dio un zarpazo en la cabeza, se dio la vuelta y lo atacó, el golpe había sido tan fuerte que Pinocho había quedado convaleciendo, la gatita se echó para atrás, dio unos elegantes pasos, volvió al rincón y siguió durmiendo. Todo esto ante la desconcertante mirada de las chicas.
Para cuando volvió Jenny, las chilenas le contaron sorprendidas lo que había pasado, ella vio a Pinocho recostado lleno de sangre y sufriendo por lo que decidió que lo mejor era sacrificarlo, así que lo tomó con un recogedor de la basura y le grito absurdamente a Michele retándola, la gatita no se inmuto y tranquilamente siguió durmiendo.
Jeny escribió en la última hoja de su libro:
“Curiosos son los animales cuando conviven con otras especies, curiosos sus comportamientos, curiosos los seres vivos, somos y seremos.”
SR Huanchacho, Perú. 1 de Marzo de 2016. (Después del año bisiesto)