EL PACÍFICO DE NOCHE.
El tratar de conquistar con su
supuesta grandeza, demuestra su pequeñez (Pensando sobre la conquista de América
Latina en la plaza de armas en Trujillo, Perú).
Después de una enfermedad estomacal que me traía muy decaído Jeny la
mexicana, Luis y yo decidimos ir a conocer Huanchaco, una playa muy popular a
cuarenta minutos de la ciudad de
Trujillo, tomamos un bus en pleno calor de mediodía con nuestras maletas en la
espalda, pasamos por la Universidad Nacional donde hay unos impresionantes
murales hechos con minúsculos mosaicos que van narrando la historia de Perú
desde tiempos ancestrales, pero el
trayecto fue algo incómodo, en los últimos 15 minutos por fin nos tocó ir sentados, el camino iba
por el desierto, y pasaba por pueblitos, pero en la última parte se dejó ver el
mar, yo desde que lo vi, sentí los músculos de mi cara haciendo un movimiento
que no había hecho tanto últimamente, era una sonrisa, la misma que no acabo hasta el día que me fui de
Huanchaco. Cuando nos bajamos del transporte noté que el clima había dejado de ser tan sofocante
como en Trujillo, la brisa se hacía sentir y la calma del pueblo también. De
inmediato mi mente comenzó a trabajar para modificar los planes de viaje y
poder quedarnos unos días extra en la playa de Huanchaco…
….La cocina y la terraza del hostal tenían ese aroma a ocio que te
atrapaba pero con un toque de paz y tranquilidad, donde las horas parecían pasar
como si fueran minutos, sol, lluvia,
nubes, con brisa, de cualquier forma esa zona siempre hacía que nos quedáramos
colgados sin hacer mucho más que platicar y convivir, allí el ambiente con los huéspedes y los
dueños era tan buena vibra que varias veces nos juntamos a comer, los
argentinos Majo y Ezequiel rápidamente se adaptaron a tres mexicanos perdidos
en el Perú e hicimos muy buena amistad,
así como con la gente del hostal y Gaetano, el suizo más latino que
conozco, él cual es ya una referencia en el pueblo de Huanchaco.
…En la canchita pública que esta junto a la estación de policía del
pueblo por las noches se juntaban jugadores de todo el mundo, los cuales eran
bastante competitivos, argentinos
intentando hacer caños, peruanos demostrando que traen condición física, señores habilidosos, holandeses burladores,
franceses defendiendo férreamente, italianos demostrando talento, un mexicano
en el campo de juego y yo jugando de portero, sacando uno que otro gol.
…En la tarde caminamos al borde del mar, la neblina era bastante
densa y el panorama del desierto y de la
playa en medio de las nubes era bastante místico…
En la noche caminamos por la playa, se sentía esa densa neblina de paz, fuimos
hasta el muelle, cruce cada una de sus tablas hasta llegar al punto más interno
del océano, allí donde los locales se ponen a pescar; yo estaba hipnotizado con
el paso de las olas, hasta que al lado mío escuche: “este es el Pacífico de
Noche”, eso me hizo volver a pensar en dónde estaba, fue como un pequeño
despertar de un sueño. La brisa corría de arriba abajo en ese muelle, la luna
dejaba ver su resplandor entre las nubes, por todo esto decidimos ir a
sentarnos a una banquita y seguir dejando que el tiempo transcurriera sin
ninguna preocupación atada a su paso.
…Los atardeceres de Huanchaco fueron un deleite, un día me tuve que
sentar a ver ese espectro redondo al final del cielo, era el sol y se comenzaba
a esconder, estaba perfectamente redondo y en un minuto que me distraje, cuando
volví a fijar la vista en el cielo, ya solo era un medio circulo pero detonando
una combinación de colores para dibujar el cielo del desierto y de la playa al
mismo tiempo… Otro día me tocó ver el atardecer mientras me bañaba en las aguas
del Pacífico, las olas eran grandes pero se podía nadar, había unos surfers a
lo lejos aprovechándolas; allí mientras me refrescaba con el agua me tocó ver
como el cielo comenzaba a jugar con sus colores, ahora el reflejo del círculo
de sol no estuvo presente, pero por el contrario hubo una combinación de
distintas tonalidades pasando desde el rosa y morado, hasta un naranja con rojo
intenso, todos los colores saliendo en forma de vapor desde el fondo del mar, y
subiendo hasta esas enormes nubes que esperaban en lo alto del cielo.
….Cuando se viaja uno tiene la total libertad de tomarse de pronto unas
vacaciones en la playa, para después
seguir con la difícil tarea de seguir viajando, conociendo formidables lugares
y gente inimaginable; ya nos mereceremos otras vacacioncitas de este pelo en
otra ocasión, gastándonos la plata que no tenemos pero disfrutando al máximos
las vacaciones playeras.
Escrito por David Herrera González.
29 de Febrero de 2016.













