lunes, 29 de febrero de 2016

53. EL PACÍFICO DE NOCHE.




EL PACÍFICO DE NOCHE.

El tratar de conquistar con su supuesta grandeza, demuestra su pequeñez (Pensando sobre la conquista de América Latina en la plaza de armas en Trujillo, Perú).



Después de una enfermedad estomacal que me traía muy decaído Jeny la mexicana, Luis y yo decidimos ir a conocer Huanchaco, una playa muy popular a cuarenta minutos  de la ciudad de Trujillo, tomamos un bus en pleno calor de mediodía con nuestras maletas en la espalda, pasamos por la Universidad Nacional donde hay unos impresionantes murales hechos con minúsculos mosaicos que van narrando la historia de Perú desde tiempos ancestrales,  pero el trayecto fue algo incómodo, en los últimos 15 minutos  por fin nos tocó ir sentados, el camino iba por el desierto, y pasaba por pueblitos, pero en la última parte se dejó ver el mar, yo desde que lo vi, sentí los músculos de mi cara haciendo un movimiento que no había hecho tanto últimamente, era una sonrisa, la misma  que no acabo hasta el día que me fui de Huanchaco. Cuando nos bajamos del transporte noté que  el clima había dejado de ser tan sofocante como en Trujillo, la brisa se hacía sentir y la calma del pueblo también. De inmediato mi mente comenzó a trabajar para modificar los planes de viaje y poder quedarnos unos días extra en la playa de Huanchaco…

….La cocina y la terraza del hostal tenían ese aroma a ocio que te atrapaba pero con un toque de paz y tranquilidad, donde las horas parecían pasar como si fueran minutos, sol,  lluvia, nubes, con brisa, de cualquier forma esa zona siempre hacía que nos quedáramos colgados sin hacer mucho más que platicar y convivir,  allí el ambiente con los huéspedes y los dueños era tan buena vibra que varias veces nos juntamos a comer, los argentinos Majo y Ezequiel rápidamente se adaptaron a tres mexicanos perdidos en el Perú e hicimos muy buena amistad,  así como con la gente del hostal y Gaetano, el suizo más latino que conozco, él cual es ya una referencia en el pueblo de Huanchaco.

…En la canchita pública que esta junto a la estación de policía del pueblo por las noches se juntaban jugadores de todo el mundo, los cuales eran bastante competitivos,  argentinos intentando hacer caños, peruanos demostrando que traen condición física,  señores habilidosos, holandeses burladores, franceses defendiendo férreamente, italianos demostrando talento, un mexicano en el campo de juego y yo jugando de portero, sacando uno que otro gol.

…En la tarde caminamos al borde del mar, la neblina era bastante densa  y el panorama del desierto y de la playa en medio de las nubes era bastante místico…
En la noche caminamos por la playa,  se sentía esa densa neblina de paz, fuimos hasta el muelle, cruce cada una de sus tablas hasta llegar al punto más interno del océano, allí donde los locales se ponen a pescar; yo estaba hipnotizado con el paso de las olas, hasta que al lado mío escuche: “este es el Pacífico de Noche”, eso me hizo volver a pensar en dónde estaba, fue como un pequeño despertar de un sueño. La brisa corría de arriba abajo en ese muelle, la luna dejaba ver su resplandor entre las nubes, por todo esto decidimos ir a sentarnos a una banquita y seguir dejando que el tiempo transcurriera sin ninguna preocupación atada a su paso.


…Los atardeceres de Huanchaco fueron un deleite, un día me tuve que sentar a ver ese espectro redondo al final del cielo, era el sol y se comenzaba a esconder, estaba perfectamente redondo y en un minuto que me distraje, cuando volví a fijar la vista en el cielo, ya solo era un medio circulo pero detonando una combinación de colores para dibujar el cielo del desierto y de la playa al mismo tiempo… Otro día me tocó ver el atardecer mientras me bañaba en las aguas del Pacífico, las olas eran grandes pero se podía nadar, había unos surfers a lo lejos aprovechándolas; allí mientras me refrescaba con el agua me tocó ver como el cielo comenzaba a jugar con sus colores, ahora el reflejo del círculo de sol no estuvo presente, pero por el contrario hubo una combinación de distintas tonalidades pasando desde el rosa y morado, hasta un naranja con rojo intenso, todos los colores saliendo en forma de vapor desde el fondo del mar, y subiendo hasta esas enormes nubes que esperaban en lo alto del cielo.


….Cuando se viaja uno tiene la total libertad de tomarse de pronto unas vacaciones en la playa,  para después seguir con la difícil tarea de seguir viajando, conociendo formidables lugares y gente inimaginable; ya nos mereceremos otras vacacioncitas de este pelo en otra ocasión, gastándonos la plata que no tenemos pero disfrutando al máximos las vacaciones playeras.



Escrito por David Herrera González.
29 de Febrero  de 2016.




jueves, 25 de febrero de 2016

52. CHAN CHAN, PRIMERAS RUINAS EN PERU.



CHAN CHAN, PRIMERAS RUINAS EN PERU.

Unos días antes habíamos conocido el museo de las tumbas del Señor de  Sipán pero eso solo hizo que nos dieran más ganas de comenzar a recorrer sitios arqueológicos en Perú.


*Fragmento del Diario HR.
En la mañana me desperté justamente cuando escuche que se preguntaba en el cuarto si íbamos a ir a las ruinas o no, yo todavía no me sentía totalmente bien de mi problema de diarrea, pero me levante para decir que por mi saliera la expedición, yo me arriesgaba a ir siempre y cuando llevara un papel de baño en el bolso.  Ya casi al mediodía y después de desayunar el platillo que había comido los últimos días, manzanas con banana, limón y azúcar, salimos rumbo a las ruinas de Chan Chan, Jenifer, Luis y yo, tres mexicanos que curiosamente coincidimos para ir el mismo día a las ruinas, yo con un papel de baño en el bolsillo derecho y una manzana en el izquierdo.  
Había que caminar y comenzar a preguntar por qué no sabíamos ni para donde había que ir. Nos fueron orientando hasta el ovalo (la glorieta o rotonda) y allí una señora de un negocio salió a indicarnos exactamente donde pasaba el bus que debíamos tomar, era un bus rojo con naranja que decía Huanchaco, nos cobró un sol con cincuenta y nos llevó hasta la entrada del sitio de Chan Chan, un sitio donde abundaba la escases de árboles, un paisaje seco y lleno de montañas de arena con formas raras que obviamente eran ruinas sin explorar. Afortunadamente estaba un poco nublado entonces el calor no era tan intenso como imagine, de pronto se aparecía uno que otro árbol perdido y uno que otro cactus, pero ni si quiera para ser considerados como sombras, (me han dicho que en esta parte del país algunas veces el calor es tan intenso que hasta las sombras se esconden).  En la entrada logré que me cobraran solamente la mitad del precio gracias a mi credencial con la que estudiaba italiano en Aguascalientes. Las ruinas fueron una experiencia diferente, de entrada el entorno desértico con aroma a playa era algo que yo nunca había visto, lo muros de las primeras ruinas tenían esculpido formas de ardillas, de pescados, de aves marítimas, y unos detalles geométricos bastante interesantes, todo construido con barro.  A medio camino nos encontramos con un artista de Manizales de nombre Luis Fernando con quien estuvimos platicando, él nos comentó que Chan Chan era la ciudad edificada con adobe más grande de América y la ciudad de barro más grande del planeta, con él recorrimos parte de la zona arqueológica, y al final nos volvimos a separar en algún punto donde nosotros tres nos encontramos con un zona vigilada por dos estatuas de la cultura Chimú, allí tomamos unas últimas fotos y salimos por que el calor ya era digno de hacernos buscar alguna que otra de esas sombras que se aparecen tan esporádicamente como los árboles. Luego volvimos a salir y cruzamos por la zona sin explorar hasta que nos recibió un perro sin pelo del Perú quien andaba  todo asoleado  dando vueltas en la entrada del museo, allí nos entretuvimos poco tiempo, pues no era muy grande, tenía algo de información no mucha, pero algún dato valioso si obtuvimos de allí. Chan Chan era una fortaleza de  la cultura Chimú que vivió en esta zona del planeta en los siglos IX a XV después de Cristo, fue derrocado por los Incas a pesar de los altos muros que tenían, en aquellas épocas contaban con varios pozos lo cual hacía posible que hubiera vida sedentaria en esta zona, actualmente en el recorrido se ve un pozo que se caracteriza por ser un patio enorme lleno de vegetación en medio del desierto.
Al final del tour del museo conocimos a unos chilenos que vienen viajando desde Ecuador haciendo dedo, luego salimos a tomar el bus de regreso a Trujillo, en cuanto nos bajamos yo me detuve a comprarme un sándwich de pollo que vi en una panadería pues ahora si después de tres días volvía a tener hambre y  antojo de algo, me comí ese pequeño emparedado que fue perfecto pues ocupaba comer algo ya más en forma y que no representara riesgo para la panza, me compre una bebida hidratante llamada Sporade, pero ya para esos momentos sentía una notable mejoría. Es curioso cuando se anda de viaje de esta manera, a veces uno se tiene que reponer rápidamente pues las maravillas por conocer son muchas y el tiempo es corto.








Escrito por David Herrera González.
24 de Febrero  de 2016.