miércoles, 13 de agosto de 2025

La historia de un gato y un tortolo.

 La historia de un gato y un tortolo.


Michele era la hermosa gatita de Jenny, una chica holandesa que tenía un hostal cerca del Parque 7 de Junio en Miraflores, una de las playas más populares de  Lima, en Peru. Jeny solía ir a sentarse en ese parque para distraerse de la monotonía de su trabajo, un domingo cualquiera encontró a Michele en una campaña de adopción que fue realizada en el mismo parque. De inmediato se flecharon  mutuamente;  el nombre para la gatita se le vino de inmediato a la mente:-“Michele”.

Michele era una gatita bastante sociable, de pequeñita jugaba con todo mundo, se acercaba, se hacía para atrás y trataba de agarrar todo cuanto pudiera, incluso le gustaba jalar los hilos que colgaban de las ropas de los mochileros, muchas veces terminando de romper  las, ya bastante gastadas, prendas de vestir.

Por las tardes a Jenny le gustaba ir a ver el atardecer a la terraza del hostal,  para sentarse  cómodamente a leer, solía subir con un puño de maíz y gusanitos para que se acercaran las aves: gaviotas, tortolos, golondrinas, y de vez en cuando, incluso pelicanos. Michele sola subir con su ama a la terraza, ella  estaba acostumbrada a contemplarlas aves, pues aunque era una gatita muy inquieta le gustaba simplemente observar y contemplar el atardecer acompañada de Jeny y de  esos extraños animales.

Una tarde un tortolito pequeño permaneció hasta que ya estaba por obscurecer, antes de irse fue a recoger un último trocito de  maíz que quedaba en el patio, y para hacerlo tuvo que pasar muy cerca de la gatita, Michele al ver el cinismo del tortolo decidió ir de curiosa a ver que era ese pequeño y tierno animalito, ella lo olfateo pero ninguno de los dos se alteró con la presencia del otro, por el contrario generaron una confianza inmediata. Con el paso de los días ese mismo tortolito bajaba a comer y siempre era el último en irse,  se podría decir que andaba libremente por la terraza; la gatita Michele con el paso de los días fue acercándose más y más al tierno pajarito, ella se echaba al suelo y trataba de jugar con él, aunque el pajarito volaba alejandose un poco de ella.

Luego de varias tardes Michele se tundió en el suelo a un costado del pichoncito, con las patas para arriba lo trataba de atrapar, de repente le dio un manotazo, ¡plum¡, lo tumbo  y sin que pasara un segundo se dio vuelta para tenerlo de frente, el tortolito agito sus alas y siguió su camino, Michele volvió a tirarse al suelo como buscándolo, pero siempre en tono tranquilo.  Era curioso ver como jugaban, no parecían lastimarse, por el contrario se veía que se divertían, en una extraña relación donde incluso màs que amigos, parecìan hermanos.

Las visitas del tortolito a la terraza del hostal comenzaron a ser tan frecuentes que un huésped argentino que estuvo trabajando como voluntario, terminó por bautizarle con el nombre de Pinocho. Llegó un punto en que Pinocho bajaba a la terraza todos los días,  era un hermoso espectáculo ver a dos animales que simplemente se habían hecho amigos, y vaya que  les gustaba compartir sus tardes. Si algún día se le pasaba a Jenny aventarles maíz, el pichón de cualquier manera bajaba en busca de Michele. Así pasaron algunos meses donde todos los días se podía ver a una gatita jugar con un tortolito, la ternura en su máxima expresión.

Pero los animales son curiosos, y esta gatita vaya que lo era; con el paso del tiempo, Michele se convirtió en una gatita adolescente y rebelde, a tal grado que había días en que no se paraba en la casa, no le importaba mucho llegar a ver a Pinocho pero  él, fiel como un loro, seguía bajando día tras día, aunque Michele ya solo subía los días que tenía ganas de hacerlo, pero una vez arriba en la terraza, era un hecho que se iban a poner a jugar.

Un día de buenas a primeras sucedió algo que ni la mente más cruel hubiera imaginado, una verdadera tragedia. Michele había andado con un comportamiento muy extraño desde que fue esterilizada hacía dos semanas, la primer semana no salía para nada primero del cuarto de Jenny y luego del hostal, pero los últimos días había estado saliendo mucho, a tal grado que toda una noche la había pasado en la calle, no había vuelto al hostal. Jeny un poco preocupada comenzó a llamarla por la mañana al ver que no había regresado, pero fue hasta por allí de las once de la mañana en que se apareció Michele, con toda la actitud alegre que le caracterizaba, pero con un ojito todo enrojecido, fue y refregó su cola contra la pierna de Jeny, luego fue y brinco sobre las maletas de unos huéspedes,  fue a ver si conseguía algo de comida en la cocina, pues los viajeros solían darle migajas. Parecía que haber salido por la noche le había inyectado una nueva dosis de energía, pero Jeny no quería que anduviera tanto afuera pues corría el riesgo de que la atacaran otros gatos, como ella sospechaba que le había pasado la noche anterior. Después de andar socializando normalmente, Michele fue a una resolana y se tiró a dormir, por la tarde cuando el atardecer comenzaba a pintar el cielo de colores, Jeny llevó el frasco con los gusanos  y se sentó cómodamente,  junto con los colores del atardecer se alcanzó a divisar una diminuta luna en forma de uña, no pasaron ni cinco minutos en que subieron un par de chicas chilenas que allí se hospedaban,  detrás de ellas la hermosa Michele. Arriba en la terraza ya estaba Pinocho,  pero esta vez Michele no se acercó a él, pues ella había encontrado un rinconcito para echarse y seguir descansando. Jeny les platico a las chicas sobre el comportamiento de ambos animalitos y luego decidió bajar por su libro, las chicas chilenas esperaban con ansia el momento en que se pusieran a jugar, pero Michele seguía dormida, pero no por mucho tiempo, pues el tortolito lentamente comenzó a acercarse. Michele en algún punto sintió la presencia del pajarito muy cerca de ella, pero ni se inmuto, solo lo miro mientras ella seguía acostada. El tortolito un poco desesperado, comenzó a dar vueltas alrededor de ella sin obtener respuesta, por el contrario parecía más bien que comenzaba a molestarle el sueño a la gata, el pajarito comenzó a llamarla con el pico,  pero en un movimiento instantáneo,­Michele se recostó patas para arriba frente a Pinocho, le dio un zarpazo  en la cabeza, se dio la vuelta  y lo atacó, el golpe había sido tan fuerte  que Pinocho había quedado convaleciendo, la gatita se echó para atrás, dio unos elegantes pasos, volvió al rincón y siguió durmiendo. Todo esto ante la desconcertante mirada de las chicas.

Para cuando volvió Jenny, las chilenas le contaron sorprendidas lo que había pasado, ella vio a Pinocho recostado lleno de sangre y sufriendo por lo que decidió que lo mejor era sacrificarlo, así que lo tomó con un recogedor de la basura y le grito absurdamente a Michele retándola,  la gatita no se inmuto y  tranquilamente siguió durmiendo.

Jeny escribió en la última hoja de su libro:

“Curiosos son los animales cuando conviven con otras especies, curiosos sus comportamientos, curiosos los seres vivos, somos y seremos.”

 

SR Huanchacho, Perú. 1 de Marzo de 2016. (Después del año bisiesto)

**extra : Hablando con mi sombra

 

Hablando con mi sombra “

Hablando con mí sombra

en el reflejo de esa enorme piedra

que posa firmemente sobre el río Vilcanota.

En el poblado de Aguascalientes

frente al cerro de Machu Picchu.

Hablando con mí sombra

la cual ya no es la misma de antes.

¿Quién es ese flaco de cara larga?

¿dónde quedó esa sombra redonda?.

¿Qué queda de aquel gordito bonachón?,

Cuanto he cambiado,

que ni mi sombra me reconoce

ni mucho menos yo a ella.

Diez meses de mochilero

me han cambiado.

Ya no recuerdo mucho lo que fui antes,

y mucho menos lo que fui antes que antes.

Quedan memorias fundidas en neblina,

sin sentirlo estos 10 meses

han sido tan influyentes en mí,

que a veces no sé si deba ser feliz

por ser lo que fui o lo que soy,

O ambos.

¿Quién soy?

¿Quién fui?.

¿Sigo siendo el mismo?,

Al menos me doy cuenta

que mi sombra no lo es.

Ya no refleja la misma silueta,

esa silueta que por muchos años

fue mi más fiel acompañante.

 

19 de marzo, 2016.

miércoles, 16 de julio de 2025

El sueño de pelear por un sueño.

 

El sueño de pelear por un sueño.

La mariguana puede ser milagrosa.

En las afueras de Lima Perú había un barrio muy peligroso, que de pronto adopto el nombre de “Pueblo Pelea”, un grupo de jóvenes influenciados por una película de Brad Pit, comenzaron a formar una tribu urbana, ellos se dedicaban a pelear, en el barrio los jóvenes dejaron de usar sus celulares para jugar los jueguitos de moda para comenzar a entrenar sus músculos, el nuevo juego de moda era muy complejo socialmente pero a la vez era bastante simple, solo había que pelear, por el simple gusto de soltar golpes y de sacar la adrenalina a través de someter al más débil. Ese nuevo juego se convirtió en una manera de crecer, los jóvenes de ese barrio de pronto morían, la gente mayor estaba muy preocupada debido a la escases en la que vivían por lo que no se daban cuenta de eso o incluso excusaban que era lo mejor que no estuvieran sufriendo en esta realidad.

La situación empeoro tanto que los policías cuando intentaban reprender las broncas terminaban completamente golpeados e incluso había casos de policías que no  salían vivos, por lo que la fuerza policial dejó de meterse a esa zona que en poco tiempo se convirtió en tierra de nadie, los jóvenes respetaban a los adultos y a los niños pero cuando  estos comenzaban a crecer  la realidad les decía que tenían que comenzar a trabajar sus músculos y luego a  aprender  las técnicas de la guerra con las manos.

 

Con este prólogo puedo seguir hablando de la historia que les quería contar.  Pues resulta que ese barrio quedo en el olvido allá en las afueras de Lima solo había un Grifo a la entrada del cerro que subía a ese barrio, donde había una cancha de futbol donde nunca más rodaba un balón, solamente rodaban golpes, patadas, codazos, gritos, cabezazos, sangre, dientes y cuerpos. La gente de allá solamente ejercía ese tipo de conductas dentro del barrio, era parte de las reglas no escritas de este nuevo tipo de esparcimiento.  Una sola vez al año se permitían salir a otra zona, eso era el fin de semana de carnaval donde ellos salían a hacer locuras a una de las plazas principales del centro de la capital peruana.

Resulta que un año un par de mochileros argentinos andaban recorriendo el país, después de haber cruzado Machu Picchu y todo Cusco con sus mochilas al hombro, Luis y  Leandro se dirigieron a Lima justamente para estar allí para el fin de semana del carnaval en febrero, obviamente que ellos no sabían nada sobre el “Pueblo Pelea”, pues era una leyenda urbana que a la gente local no le gustaba mencionar.  Los pibes se alojaron en un hotelucho barato que encontraron por el centro de Lima, junto al templo de San Francisco, y el sábado se alistaron para salir a dar la vuelta, les dijeron que ese día la fiesta era en grande y que el mayor peligro que corrían era que los mojaran. Así que después de comer pasaron al Tacho y se compraron unas cervezas, los dos iban caminando juntos recorriendo  plazas e iglesias donde se reunía la gente hasta que se terminaron el seis de Crystal que habían comprado y Luis que era el más borracho y quien estaba estrenando su remera de la selección peruana,  le dijo a Leandro que se iba a ir adelantando para comprar más cervezas, Leandro era más de la onda rasta de fumar mariguana y escuchar a Manu Chao en un ambiente más tranquilo, así que dijo que él se iba rumbo al hostal con el deseo de encontrarse a alguien a quien pedirle unas fumaditas, como ya llevaba tiempo sin conseguir mariguana sus expectativas de conseguir eran bastante bajas , pero de pronto mientras caminaba por una peatonal se fijó que al lado de él iba un tipo con una tremenda pipa, lo volteo a ver con tal cara de antojo, que el chico lo notó, a lo cual volteo y le dijo que si quería, Leandro con una sonrisa y totalmente incrédulo le dijo que si le aceptaba unas fumadas,  a lo cual el joven peruano le relleno la pipa y le dijo aquí tienes y adelanto su paso, Leandro sorprendido con la pipa en la mano notó que el chico se iba y le dejaba todo, a lo cual volteo y le pregunto que me dejas también la pipa, y el chico quien parecía llevar apuro, le dijo si, toda tuya hermano.

Leandro feliz se dispuso a irse a una zona donde no hubiera tanta gente alrededor para poder prender su pipa y estar en paz, mientras  iba caminando paso por una plaza donde se escuchaba bastante tumulto. Primeramente asumió que era simplemente el ruido de la fiesta por el carnaval, pero luego notó que en el fondo de la plaza varios chicos estaban golpeando a alguien,  cuando se fijó más a detalle notó  que ese alguien llevaba puesta una remera de Perú y era su amigo Luis, al ver que eran varios los que le estaban pegando decidió acercarse cautelosamente a ver si podía calmar un poco los ánimos,  llevaba la pipa en mano por lo que apretó el puño para que no fuera tan notoria, cuando se acercó, dijo a mediana voz, qué está pasando que lo dejaran en paz, notó que varios de los chicos lo apuntaron y dijeron ahora contra él, Leandro  se asustó tanto que no supo que hacer y lo primero que se lo ocurrió fue decir, tranquilos hermanos, yo solo venía a fumarme esta pipa con ustedes, varios de ellos se venían directamente contra él, pero uno de ellos dijo: esperen, esperen, yo quiero fumar, el joven era medio rubio con cara larga, flaco con los músculos marcados  y con un jersey de futbol color azul pastel como de un equipo local, el se acercó y le dijo a Leandro que arrancara esa pipa, Leandro temblando de miedo y viendo como en el fondo de la plaza que estaba a desnivel seguían golpeando a Luis, prendió la pipa le dio una mínima fumada y se lo paso al flaco en eso se comenzaron a acercar varios de los locos que estaban en plena pela campal, no pasó ni un minuto en que cuando Leandro levanto la vista ya no vio donde estaba Luis, en un momento la pipa ya había desaparecido pero ya estaba rondando un porro, el chico de la camiseta azul comenzó a hacerle preguntas a Leandro, le decía que de donde era, que a que se dedicaba , que por que estaba en Lima, Leandro se hacía bolas con las respuestas y en cuanto pudo le pregunto por su amigo Luis, el chico del cual nunca supo su nombre le dijo que no se preocupara que no estaba muerto, que cuando ya los veían convalecientes los dejaban tirados por atrás de la plaza, que no se preocupara que el objetivo final del juego no era matar a nadie, era solo pelear. Leandro totalmente asustado al oír esas palabras recordó la  película de Fight Club, por lo que dijo que si el concepto era algo semejante a el Club de la Pelea a lo que el flaco le respondió, no esto es diferente, esto se llama Pueblo Pelea,  y acá las cosas se hacen a nuestro estilo, Leandro solamente por darle platica le dijo que si que el sabía a lo que se referia, pues los latinos eramos diferentes, y le comentó que el había viajado por varios países de sudamerica y que estaba convencido que la raza latina era distinta a los demás y que solo los latinos se entienden entre sí, el loco peruano le sonrío e hizo que le hicieran llegar el porro a Leandro, esa fumada del porro fue muy distinta a las otras pues Leandro ya la disfruto un poco más tranquilo, luego de unos minutos de estar platicando juntos, Leo decidió decir que se iba, que había sido un gusto y que ahora iba rumbo al hotel para ver si encontraba a su amigo.

 

Para cuando llego al hotel se encontró con que Luis ya estaba allí, con una lata de cerveza en la mano y con el ojo morado comenzaron a platicar, Luis le dijo que el estaba asustado pues vio que Leo había llegado y que todos lo habían rodeado, pero que el no pudo hacer nada al respecto pues el estaba todo golpeado y lo único que su instinto le pedía era que saliera de en medio de ese quilombo por lo que en cuanto vio que lo soltaron para irse detrás de Leandro, solamente imploro a Dios que no le mataran a su amigo. Leandro le contó la secuencia de lo que le había pasado por lo que Luis y el llegaron a la conclusión de que la mariguana que le había regalado a Leo ese angel caído del cielo,  los había salvado pues de no haberse aparecido con esa pipa en la mano tal vez hubieran matado a Luis y a Leo esa misma noche.

Luis pasó un par de días adolorido y sin muchas ganas de salir, incluso pensó en regresar a su casa en Córdoba, pero al tercer día ya menos adolorido y mucho más tranquilo decidió seguir su recorrido con Leandro hacia Ecuador donde querían llegar a probar suerte a Montañita una playa donde tenían un amigo que había puesto un restaurante y quien los estaba esperando para que se quedaran una temporada.

 

Por otro lado, esa noche en que Luis y Leandro fueron presas de Pueblo Pelea, la mariguana realizo un verdadero milagro, pues ese día el flaco de camiseta azul con el que estuvo Leandro, el cual se llamaba Ivan, y quien era uno de los fundadores de Pueblo Pelea, todavía con el efecto de lo que había fumado analizo la situación y decidió que se retiraba de esa actividad, pues quería cambiar y darle un sentido a su vida, y la forma de vivir del argentino con quien había compartido esa noche, le había abierto los ojos de que él prefería llevar una vida así, viviendo la vida al máximo, sin meterse en la vida de nadie más, mucha adrenalina pero sin necesidad de violencia fue lo que cruzo su mente,  prefería agarrar lo que pudiera, ponerlo en su mochila y salir a recorrer el mundo, con Manu Chao en sus audífonos y dejando descansar esos puños que tantos golpes habían dado. El día que anunció que se iba, los demás líderes del loco y violento  movimiento de Pueblo Pelea,  le exigieron que diera una explicación a todos los miembros tratando con eso de que recapacitara y no se fuera, Ivan no aceptò, y la tarde que se paró a hablar frente a todos en las canchas de barrio y les dijo sus motivos de dejar ese movimiento en busca de realmente vivir una vida digna sin molestar a nadie, milagrosamente sus palabras llegaron a la consciencia de la mayoría por lo que poco a poco Pueblo Pelea comenzó a perder fuerza, hasta el punto que la historia y los muertos de esa época se convirtieron en una leyenda urbana.

 Actualmente los niños que juegan al futbol en esa cancha cuentan que sus hermanos mayores eran parte de eso, presumen quien era el mas fuerte, y muchos de ellos hablan que un tal Ivan era el mejor con los puños pero que ahora no se sabe en que parte del mundo vive, y que ahora se dedica a ayudar a la gente pobre.

 

SR inspirado en un raro sueño de peleas, Venezuela, Isla de Coche 16 de Julio, 2017.