CERRANDO EL PERU SOBRE LAS VIAS
QUE RODEAN AL LAGO TITICACA.
Estos momentos no se pueden
captar en una foto, imposible describirlos con palabras, estas cosas se ven, se
viven.
*Tomado del Diario HR.
La caminata en el Titicaca fue mágica, con paisajes lentos y fríos, que
me llenaban de paz, una y otra vez.
Comenzamos a caminar por el faro del malecón viendo las aves que lo habitan, luego seguimos sobre las vías del tren, en algún punto vimos a una
señora con sus ovejas y un muelle
pequeño hecho de madera, decidimos caminar sobre el muelle, y al final había
una pequeña islita de una especie de junco llamada totora, nos adentramos,
brincamos un poco para ver cómo se sentía, cosa extraña que solo sentimos la
humedad; luego nos sentamos en el muelle de madera, en eso llegaron unos gringos de california,
caminaron sobre el islote y luego se retiraron. En el regreso se veían los
patos y como otros cinco tipos de aves distintas, todas hermosas, nadando y
volando libremente al compás de las olas y al compás de la música que fielmente
sonaba en mis audífonos, las canciones
que iban cayendo en mi lista de reproducción parecían encajar perfectamente con
los movimientos exactos de todos y cada uno de los integrantes de la naturaleza.
Luego seguimos caminando, y fuimos a la zona donde esta ese lujoso hotel
blanco que desde el pueblo se alcanza a ver, cuando se acercó el guardia a
preguntarnos en qué hotel estábamos hospedados, Luis se sacó unas palabras de
la manga, le dijo que apenas íbamos a preguntar precios, pero funciono, nos
dejaron pasar, entramos y tomamos el sendero que nos llevaba a rodear la
península que allí se formaba, pero de inmediato comenzaron a aparecerse unas
enormes rocas, muchas de ellas con formas de rostros, piedras que te observan,
rocas vigilantes que muestran a todo color que están vivas. Luego en la parte de atrás del hotel nos
encontramos con un bello bosque con unos enormes pinos, y con una piedra
rodeada de pequeños troncos de madera, como pequeños asientos, pareciera ser
como los restos de un ritual con vista al lago Titicaca. Ya cuando estábamos
por salir llegamos al lujoso muelle del hotel, ahí fuimos a sentarnos,
estuvimos admirando como comenzaba a obscurecer, el reflejo de las luces de la
ciudad de Puno hacían un efecto muy peculiar en el lago, mientras las aves
seguían haciendo de las suyas, nadando, volando, sumergiéndose al agua, riéndose
detrás de nosotros, simplemente disfrutando de su hogar.
Al salir se nos antojó comprarnos un refresco en una tienda y el señor
nos quiso cobrar el doble de lo que cuestan y dijo que porque éramos
extranjeros, era nuestra obligación pagar más, nosotros nos salimos indignados,
nos sentimos ofendidos, y Luis dijo esto es parte de la despedida del Perú,
donde la idiosincrasia de la gente es muy peculiar, pueden ser los más rudos e incluso groseros, pero también
son los más humildes, dadivosos, y
buenas gentes, unos verdaderos panes de Dios, no se me olvidan algunos detalles
sublimes que la gente peruana tuvo con nosotros: pedazos de pastel gratis en la
tienda con abrazo incluido, descuento en el hotel solo porque si, amistad con
el dueño del hostal, y muchas otras muestras de cariño en las calles, aunque
por otro lado noté que son rudos, tal como se refleja en su manera de conducir,
pero a final de cuentas un país que lo tiene todo.
Nosotros estuvimos muriendo de calor y muriendo de frío, a nivel del mar
y en uno de los lagos más altos del mundo; un país cuya riqueza cultural es
palpable: las tradiciones, el color y la gente siguen haciendo sus vidas como
lo han hecho desde siempre en estas tierras; un lugar donde la historia es
imponente, las ruinas, las piedras, las montañas y la tierra en sí producen
fuerza y energía. Un lugar con una energía especial que atrae a gente de todos
los rincones del planeta, y que desde hace siglos se ha caracterizado por
atraer gente, pienso que por su enorme belleza. Perú un lugar con magia, con
una magia especial, un lugar que se parece en ciertas cosas a mi México, pero
cada uno a su propio estilo, México con su magia, y Perú con la suya.
Y así se cierra el capítulo del Perú, casi dos meses de explorar un país
encantador, y se termina con una caminata sobre las vías del tren del lago
Titicaca, admirando a sus aves y a su hermosa vista, conviviendo con sus
enormes piedras, caminando sobre islotes artificiales, recordando a los nuevos
amigos hechos en estas tierras, cansado de caminar, pero no cansado de las
sorpresas que este país me brindo día con día.
Gracias Perú, nos volveremos a ver en algún punto, en la zona X, en
Machu Picchu, en Huanchaco, dentro del Balcón del Diablo, en Miraflores, en los
valles del Cusco, en los ojos de una Llama, o junto a un ave en el reflejo del
lago Titicaca, o si no en cualquier otro mágico lugar de los miles que me
quedan por conocer del Perú.
SI yo pudiera tatuarme los buenos
momentos que he tenido en este viaje, ya me quedaría muy poco espacio en el cuerpo.
Escrito por David Herrera González.
10 de Abril de 2016.





